Mostrando entradas con la etiqueta autoestima. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta autoestima. Mostrar todas las entradas

miércoles, 29 de diciembre de 2010

DECLARACIÓN DE AUTOESTIMA


YO SOY YO





En todo el mundo no existe nadie exactamente igual a mi.
Hay personas que tienen aspectos míos,
pero en ninguna forma el mismo conjunto mio.
Por consiguiente, todo lo que sale de mi es autenticamente mío 
porque yo sola lo elegí.

Todo lo mio me pertenece: mi cuerpo, todo lo que hace;
mi mente,con todos sus pensamientos e ideas;
mis ojos, incluyendo todas las imágenes que perciben;
mis sentimientos, cualesquiera que sean:
 ira,alegría,frustración,amor,decepción, emoción;
mi boca, y todas las palabras que de ella salen,
 refinadas, dulces, o cortantes, correctas o incorrectas;
mi voz,fuerte o suave,
y todas mis acciones, sean para otros o para mí.

Soy dueña de mis fantasías,mis sueños, mis esperanzas,mis temores.
Son míos mis triunfos y mis éxitos, todos mis fracasos y errores.
Puesto que todo lo mio me pertenece, 
puedo llegar a conocerme intimamente.
Al hacerlo, puedo llegar a quererme 
y sentir amistad hacia todas mis partes.

Puedo hacer factible que todo lo que me concierne
 funcione para mis mejores intereses.
Sé que tengo aspectos que me desconciertan 
y otros que desconozco.
Pero mientras yo me estime y me quiera,
puedo buscar con valor y optimismo soluciones para las incógnitas
e ir descubriéndome cada vez mas.

Como quiera que parezca y suene, 
diga y haga lo que sea, 
piense y sienta en un momento dado,
todo es parte de mi ser.

Esto es real y representa el lugar que ocupo en ese momento del tiempo.
A la hora de un examen de conciencia, respecto de lo que he dicho y hecho,
de lo que he pensado y sentido, 
algunas cosas resultarán inadecuadas.
Pero puedo descartar lo inapropiado,
conservar lo bueno 
e inventar algo nuevo
que supla lo descartado.

Puedo ver, oir, sentir, decir, y hacer.
tengo los medios para sobrevivir,
para acercarme a los demás, 
para ser productiva
y para lograr darle sentido y 
orden al mundo de personas y 
cosas que me rodean.
Me pertenezco y así puedo estructurarme.

YO SOY YO... Y ESTOY BIEN

(Virginia Satir)

domingo, 31 de octubre de 2010

Reflexión...


¿Por qué no hacerlo por mí?



“La primera cosa que se nos ocurre hacer con alguien que queremos es cuidarlo, ocuparnos de él, escucharlo, procurarle las cosas que le gustan, ocuparnos de que disfrute de la vida y regalarle lo que más quiere en el mundo, llevarlo a los lugares que más le agradan, facilitarle las cosas que le dan trabajo, ofrecerle comodidad y comprensión.

Cuando el otro nos quiere, hace exactamente lo mismo. 


Ahora, me pregunto: ¿Por qué no hacer estas cosas con nosotros mismos? 

Sería bueno que yo me cuidara, que me escuchara a mi mismo, que me ocupara de darme algunos gustos, de hacerme las cosas más fáciles, de regalarme las cosas que me gustan, de buscar mi comodidad en los lugares donde estoy, de comprarme la ropa que quiero, de escucharme y comprenderme.

Tratarme como trato a los que más quiero. 

Pero, claro, si mi manera de demostrar mi amor es quedarme a merced del otro, compartir las peores cosas juntos y ofrecerle mi vida en sacrificio, seguramente, mi manera de relacionarme conmigo será complicarme la vida desde que me levanto hasta que me acuesto. 

El mundo actual golpea a nuestra puerta para avisarnos que este modelo que cargaba mi abuela (la vida es nacer, sufrir y morir) no sólo es mentira, sino que además está malintencionado (les hace el juego a algunos comerciantes de almas).”

Jorge Bucay (“El camino del encuentro”)

Dice Bucay: "Si hay alguien que debería estar conmigo todo el tiempo, ese alguien soy yo". Pero curiosamente eso no suele suceder. Pasamos más tiempo pensando en como hacer que los demás nos acepten que en intentar aceptarnos a nosotros mismos. Mirar dentro de nosotros, saber como somos, conocernos, aceptarnos o cambiarnos, es una ardua tarea que muchas veces no estamos dispuestos a hacer. No es fácil vivir para uno mismo en esta sociedad, sobre todo porque el fantasma del "egoísmo mal entendido" nos persigue por todos lados. Escuchar cosas como "solo piensas en ti mismo", "haces las cosas solo por y para ti", "eres un egocentrista"...van haciendo que perdamos el norte de ser el propio centro de nosotros mismos, y como bien dice Bucay "si yo renuncio a ser el centro de mí mismo, alguien ocupará ese espacio". El egoísta no es la persona que solo piensa en sí misma, sino que es alguien que no siente amor por su persona, que se siente vacía, y por esto utiliza todo lo que esté a su alcance para llenar ese vacío.
Centrarse en uno mismo, mirar para uno mismo, aceptarse, respetarse, no ceder nuestro espacio, no significa que seamos egoístas, todo lo contrario, significa EXISTIR... significa VIVIR.
Y si alguien piensa que ser egoísta es ser el centro de uno mismo, pues seamos egoístas, y practiquemos el amor incondicional hacia nuestra propia persona, porque estoy segura que todo lo que nos queremos siempre es poco, siempre nos hará falta querernos mucho más.



Porque nadie puede saber por ti.
Nadie puede crecer por ti.
Nadie puede buscar por ti.
Nadie puede hacer por ti lo que tú mismo debes hacer.
La existencia no admite representantes.

Jorge Bucay

viernes, 26 de marzo de 2010

HOY PUEDO ELEGIR




Esta mañana desperté emocionado

con todas las cosas que tengo que hacer

antes de que el reloj marque la medianoche.



Tengo responsabilidades que cumplir hoy.

Soy importante.

Mi trabajo es escoger

qué clase de día voy a tener.



Hoy puedo quejarme de mi salud,

o puedo regocijarme de que estoy vivo.



Hoy puedo llorar

porque las rosas tienen espinas,

o puedo celebrar

que las espinas tienen rosas.



Hoy puedo lamentarme

de todo lo que mis padres no me dieron

mientras estaba creciendo,

o puedo sentirme agradecido

de que me permitieran haber nacido.




Hoy puedo auto compadecerme

por no tener muchos amigos,

o puedo emocionarme y embarcarme

en la aventura de descubrir nuevas relaciones.



Hoy puedo quejarme

porque tengo que ir a trabajar,

o puedo gritar de alegría

porque tengo un trabajo.



Hoy puedo quejarme

porque tengo que ir a la escuela,

o puedo abrir mi mente enérgicamente

y llenarla con nuevos y ricos conocimientos.



Hoy puedo murmurar amargamente

porque tengo que hacer

las labores del hogar,

o puedo sentirme honrado

porque tengo un techo

para mi mente, cuerpo y alma.



Hoy el día se presenta ante mí,

esperando a que yo

le dé forma y aquí estoy,

el escultor que tiene que darle forma.



Lo que suceda hoy

depende de mí,

yo debo escoger

qué tipo de día voy a tener.



Ten un gran día...

A menos que tengas otros planes.


jueves, 4 de febrero de 2010

AUTOESTIMA...

Como siempre solo Jorge Bucay podría en un cuento explicar algo de una manera tan genial.
Los cuentos de Jorge Bucay son maravillosos, pero por lo que veo me queda mucho que descubrir de este genio. Esta mañana un amigo y colega, Daniel, estaba dando una charla sobre Autoestima (magistral conferencia), y finalizó la misma con este cuento, que servía para la reflexión sobre todo lo que él nos había dicho. Yo no conocía este cuento, o si lo leí en alguna ocasión no había reparado en él lo suficiente...,el caso es que me gustó mucho y quiero compartirlo con todos vosotros. Espero que os guste.



EL VERDADERO VALOR DEL ANILLO

Un joven concurrió a un sabio en busca de ayuda.

- Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar maestro?. ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo:

- ¡Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mis propios problemas. Quizás después... Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

- E... encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas-.

- Bien -asintió el maestro-. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho agregó: Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo para pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.

En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, así que rechazó la oferta.

Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.

¡Cuánto hubiese deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro! Podría habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y su ayuda.

- Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir 2 ó 3 monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

- ¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo! -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo?. Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:

- Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.

- ¿¿¿¿58 monedas???? -exclamó el joven-.

- Sí, -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... Si la venta es urgente...

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

- Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya única y valiosa. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.
(Jorge Bucay)